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Las 5 peores cosas que le pueden pasar a una nadadora en el vestuario

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|Foto Fabio Ferrari - LaPresse

“Lo que sucede en el vestuario se queda en el vestuario”, hubiera dicho Brad Pitt en El club de la lucha si la acción hubiera tenido lugar en un gimnasio en lugar de un sótano. Seguro que las que sois nadadoras sabéis de qué hablo. Llegamos siempre puntuales, bien equipadas y listas para entrenar. Como en un rodaje, la piscina es nuestro escenario, y sin embargo lo que sucede en los “camerinos” no sale de los camerinos. Cuando salimos de allí nos olvidamos de todos los cotilleos que hemos oído, y de todas las pesadillas que hemos tenido. ¿A qué pesadillas me refiero? ¡Vamos a hacer juntas una visita al vestuario!

Te has olvidado las esponjas desmaquilladoras.
No hay mejor manera de terminar pareciendo un oso panda que dejarte las esponjas en casa. Por desgracia, al menos una vez en la vida, todas terminamos el entrenamiento con pinta de haber llorado a mares porque hemos roto con el novio.

Te has encontrado un pelo de otra mujer en la suela de las chanclas.

Ponemos todo el cuidado del mundo en llevar la mochila bien ordenada e incluso nos resignamos a encontrar nuestros pelos en el peine… ¡pero no los de otra!
Te has dejado la ropa interior en casa.

Saliste tarde de la oficina, cogiste el primer bañador que tenías a mano y hasta llegaste al entrenamiento a tiempo. Pero entonces, de golpe, te das cuenta de que tu peor pesadilla se ha hecho realidad: ¡La ropa interior se ha quedado en casa!

Te tienes que secar el pelo con un secador montado en la pared.
Demasiado alto, demasiado bajo, sin la potencia necesaria o solo con aire frío. Me falta espacio para enumerar todas las razones por las que odio los secadores fijos en la pared…aunque tal vez bastase con mostrar los pelos de punta que deja el cacharro. Tener que usarlo es una de las peores cosas que le pueden pasar a una nadadora o incluso a las mamás cuando secan el pelo de sus pequeños deportistas.

Te has olvidado de eliminar el vello en un lado del cuerpo.

Tarde o temprano todo el mundo se olvida de realizar la operación, a veces solo en un lado. Es entonces cuando las chicas empiezan a girarse y retorcerse como contorsionistas intentando, por ejemplo, tapar una pierna con la otra. Otras se lo toman como una buena excusa para lanzarse al agua directamente, antes de que las compañeras de equipo lo noten.

Cada nadadora tiene sus descuidos. Una se olvida de meter en la bolsa el cepillo del pelo y termina como el Rey León, otra se deja las lentillas y le cuesta saber quién es quién entre tus compañeras. Lo bueno es que al final, pase lo que pase, como dijimos al principio, ¡lo que ocurre en el vestuario se queda en el vestuario!